Un paliativo al deterioro ambiental


Por: Joaquín Reyes Posada

Cada vez que en alguna ciudad principal de América Latina un ciudadano abre la ventana de su casa o apartamento, recibe una bocanada de monóxido de carbono, dosis letal y maldita de lluvia ácida, una ráfaga de contaminación que penetra lenta pero segura por los órganos encargados de transportar oxígeno hacia los pulmones. Dicho elemento, vital para el cuerpo, viene mezclado con sustancias tóxicas que circundan el aire que inhalamos. Hasta recónditos rincones del aparato respiratorio llegan esas partículas asesinas, que acortan la vida de manera sustancial y la ponen en penuria. Ciudades como México D.F., Caracas, Bogotá D.C., Santiago de Chile, Sao Paulo o Buenos Aires, son chimeneas emisoras de ese humo negro y desolador que afecta la salud y la calidad de vida de la gente.

Tales desechos químicos provienen de la industria. Lo mejor que le puede suceder a la sociedad actual es que el ritmo de desarrollo económico sea constante y sostenido. Lo grave es que sea a costa de la salud de la población. Dicho ritmo no se controla y la ausencia de medidas ambientales pone de manifiesto que los gobiernos no tienen interés en el tema de la calidad y la preservación del ambiente. En el panorama cotidiano no se vislumbran soluciones, no existe preocupación cuando se generan estas emisiones tóxicas que avanzan de manera incontrolada. Se cierne sobre el futuro la más terrible de las condenas, porque a quienes les corresponde la gestión de preservar un medio ambiente sano, salen al paso de las críticas con la frase: “Aquí no pasa nada”.

El término medio ambiente reclama mayor rigor semántico, pues en pocos años ya no será medio sino un cuarto de ambiente y luego un octavo y así sucesivamente, hasta llegar a un nivel que hará desastrosa la existencia en las ciudades. Si a esto se suma el problema del agua, de la manera como en muchas regiones del hemisferio y del mundo ésta se hace más y más escasa, además de su pésima calidad por presencia de sedimentos tóxicos, materiales no biodegradables, trazas de metales y contaminación, los tiempos que se avecinan pintan muy complejos. Estudios realizados de tiempo atrás por Al Gore, vicepresidente de Estados Unidos en la administración Bill Clinton, demuestran que aún es tiempo de reparar los daños y contrarrestar los efectos del calentamiento global, pues es evidente que las decisiones políticas, como el mismo Gore señala, son recursos renovables. Con políticas de fondo dados los problemas que aquejan el ecosistema humano, es que se podrá detener en alguna medida el deterioro ambiental o quizá controlarse, que en el mejor de los casos es un paliativo, más no la solución definitiva porque el daño ya está hecho.