Una maravilla me ha parecido esta importante campaña. Imaginémonos los beneficios de sembrar miles y miles de árboles en la selva brasilera, el pulmón del mundo, cuando la realidad nos muestra un deterioro ambiental tan alarmante como enjuiciable. Pero nunca es tarde para reaccionar y ahora esta campaña lo hace con generoso entusiasmo.
Me permito, desde La Coctelera, invitar a todas las personas que nos leen, no sólo a sembrar árboles en la selva tropical del Brasil, en la Amazonia, en el Mato Grosso, sino en cualquier lugar del planeta donde un árbol se erija en símbolo de vida, de aire puro, en un emblema de paz, si se quiere, pues con una naturaleza pletórica de recursos, recuperada y exuberante, las condiciones de vida de los seres humanos y de los animales van a verse reflejadas en un mejor nivel de calidad.
Un árbol siempre significa energía, donde quiera que se plante. Por tal razón, siémbrelo en el patio de su casa, en un jardín público, cuando salga de paseo a un bosque, no importa que allí existan muchos, uno más es bien recibido. Y por otra parte, si sembrarlo es decirle a los depredadores que saldrán perdiendo ante la avalancha de defensores de la naturaleza, deben realizarse otras acciones no menos importantes, como cuidar las fuentes de agua limpia y pura, respetar el aire y denunciar el desenfrenado y absurdo ritmo de contaminación a través de emisiones letales de monóxido de carbono, evitar las quemas de los bosques nativos, no arrojar basuras industriales a los ríos, en fin, seguir al pie de la letra las recomendaciones de los expertos ambientalistas, antes que nuestro entorno se transforme en un infierno de contaminación, dentro del cual las generaciones futuras ya no tendrán el derecho a existir con un mínimo de seguridad.